Óscar Guerra "El Zarzocita" 1925 - 2018

Óscar Guerra "El Zarzocita" 1925 - 2018

Noticia | Jul 09, 2018

Óscar Guerra, mejor conocido como “Zarzocita” nació en Quito en 1925. A los siete años entró por primera vez al Teatro Sucre. Desde aquel momento, el teatro fue su escuela y su hogar. Empezó como tramoya, después actuó, se convirtió en el compañero inseparable de Ernesto Albán, con quien giró por gran parte del país abriendo diversos caminos a las artes escénicas, con el humor como herramienta de trabajo. Este 8 de julio del 2018 partió a sus 93 años.

¡Gracias querido Óscar por ser el eterno compañero del teatro!

Extracto de la entrevista a Óscar Guerra "El Zarzocita" por Genoveva Mora, Quito, 10 de abril de 2012
Tomada del Libro "Formidables 125" del Teatro Nacional Sucre

Empiezo, prácticamente, a los siete años de edad, porque mi padre era tramoyista del Teatro Sucre y mi abuelo también fue telonero y tramoyista; por supuesto, también aprendía el oficio, eso sí, soy uno de los pocos hijos a los que le gustó el espectáculo. Fui jefe de tramoya desde muy joven, me hice conocer en España sin estar allá, porque muchas compañías no venían con tramoyista, entonces yo trabajaba para ellas, luego entre compañías me recomendaban. Trabajé mucho con María Guerrero. No estudié nada, en ninguna escuela, pero aprendí el teatro viendo y aprendía en el camino. Sin embargo, ya más tarde tuve la oportunidad de enseñar, uno de los directores del conservatorio me llamó para dar clases de interpretación, fue por el 1945, más o menos, yo era muy joven, tenía 20 años. Mi primer papel fue una obra de Benavente, con la compañía de doña Anita Lasalle, hacía de un muchacho de campo que traía el correo.

La Compañía Gómez-Albán me contrataba como tramoyista y recuerdo a una actriz que en este país la han olvidado totalmente, Olimpia Gómez, la mejor de todas; otra estupenda actríz dramática era Marina Moncayo, prima hermana mía, porque era Moncayo Guerra.

Hubo varios Zarzosas: Miguel Ángel Casares, Sergio Araujo, Abraham Cevallos, Carlos Vásconez, que era estupendo. Todos eran muy buenas figuras. Las Estampas tienen una vida, primero fueron Las Estampas de mi ciudad, no las quiteñas, y se hacían en el acto de variedades que tenía la compañía, en medio de las comedias. Al principio retrataban un hogar simple del Ecuador: Evaristo, Jesusa, Marlene. La primera Jesusa fue Olimpia Gómez; Chavica, la primera Marlene y el primer amigo en Las Estampas, que luego se hicieron costumbrista, era el Quiroguita, él era el compañero de chuma, de serenatas; despueeeés aparece el Zarzosa, cuando se toman las Estampas de Alfonso García Muñoz, que las publicaba en El Comercio todos los domingos.

Como Zarzosa, fijo, empiezo en los sesenta con la compañía de Ernesto (Albán). Recorríamos todo el año todo el país. Ernesto era un hombre humilde, recuerdo los hoteles en los que nos tocaba llegar, por eso él me mandaba a mí de adelantado para ver qué nos esperaba. Un día en Yaguachi, me manda a ver dónde nos tocaba y regresé casi con la cabeza gacha. Ernesto me dice: "¿No mismo?" salimos al parque y nos acomodamos en una banca. Los mosquitos nos hiceron correr. Por suerte, a las cinco de la mañana pasó un camión bananero y ahí nos embarcamos.

Sin embargo, vivimos siempre del teatro. Claro que nos tocaba comer lo que había y no siempre quedarnos en los mejores lugares. Nosotros le descubrimos al teatro Oriente ecuatoriano, a Galápagos, recorríamos no solamente las ciudades sino los pueblos pequeños.

No me creo director, ni jefe, ni primerísimo; al contrario fui actor secundario de Ernesto Albán. Tampoco he sido el mejor Zarzosa, porque los otros que hicieron eran primeras figuras, yo fui siempre secundario, fui como dicen en México "un patiño", el que sirve al cómico. Hubo uno famoso allá, Ángel Garbaza, patiño de Cantinflas por años y así, grandes actores han sido "patiños".