La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad

Noticia | Abr 28, 2020

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito, elenco de la Fundación Teatro Nacional Sucre cumple 30 años este 2020 y, en el marco de esta celebración, durante las próximas 4 semanas presentaremos una serie de crónicas que recogen la memoria y el trayecto de una de las agrupaciones más representativas de nuestra ciudad. 

Parte 1: una genealogía necesaria

Existe un relato no necesariamente escrito de la vida y la memoria de los territorios. Es un relato relacionado con su actividad cultural, con el arte, la música, la danza, las expresiones escénicas, las fiestas populares y muchas otras manifestaciones que habitan y construyen las identidades de los pueblos. Se trata de una historia no oficial, pero latente y real, que habla de sonoridades, colores, memorias y actividades que acontecen en un lugar específico. En el caso de esta crónica: la historia y la memoria sonora de Quito, a través de uno de sus elencos musicales más icónicos, la Banda Sinfónica Metropolitana (BSMQ), que cumple treinta años en este 2020.
 
Fundada en 1990, la BSMQ es una agrupación musical que sostiene el valor patrimonial y sonoro de la ciudad –su mismo nombre lleva inserto el gentilicio “quiteño”. Si hablamos de la Banda de la ciudad, se trata pues de la memoria sonora, la forma armónica en que suena la capital ecuatoriana y su desarrollo desde hace tres décadas, en términos prácticos; pero mucho más tiempo si se considera lo que todo esto simboliza. Entonces, a continuación, se intentará  dibujar una genealogía y una definición de la BSMQ, en esta primera parte, para relatar en las siguientes entregas los eventos más significativos que han marcado la cotidianidad y las experiencias de este elenco.
 
Desde esta perspectiva, se pueden rastrear a los antecesores de la BSMQ en las bandas de guerra y bandas populares que proliferaron en la ciudad desde la inauguración de la república. Probablemente la primera agrupación musical con una conformación similar al de una banda sinfónica que se vio en el territorio de Quito fue la banda de guerra del Batallón Numancia, escuadrón realista que en los albores de la indepencia pasó por Quito, allá por 1818, camino a Lima. De esta experiencia, la de las bandas de guerra, se replicarían varias bandas una vez establecida la paz republicana. El repertorio, con el consecuente paso de la actividad beligerante a la ciudadana, cambiaría de marchas militares hacia música de corte más popular, naciendo así en toda la región las famosas bandas de pueblo.
 
Bandas sinfónicas, de guerra, de pueblo…, más allá de las denominaciones, el repertorio o las prácticas de sus oficiantes, hay una característica común a todas ellas, que las diferencia de otro tipo de elencos como las orquestas o los grupos de cámara y que además tiende otra apertura para comprender sus orígenes y genealogía: se trata de agrupaciones musicales donde se privilegían las sonoridades de los vientos y las percusiones.
 
Instrumentos de viento y percusión. Esta característica podría acercarnos a la definición de una banda sinfónica contemporánea; pero además, en el campo de la musicología, abre un debate sobre el nacimiento de las bandas: hay quienes consideran que las bandas son de las conformaciones más antiguas, puesto que los primeros instrumentos musicales que surgen en la historia de la humanidad son los de viento y percusión. Los cuernos, caracoles, las flautas de madera, así como los tambores, son los primeros instrumentos que se registran y cuyos vestigios arqueológicos dan razón a esta afirmación. La evolución de estos instrumentos y su desarrollo hacia el tipo de agrupación de una banda contemporánea va de la mano del desarrollo de los ejércitos y sus actividades bélicas.
 
Por otra parte, más allá de estas características morfológicas, el aspecto sinfónico de las bandas es posterior y está relacionado con el origen de un instrumento en particular, allá por el siglo XIX: el saxofón. Este instrumento representa un despertar de las posibilidades sinfónicas en las conformaciones de viento, debido a su versatilidad melódica que le permitiría sustituir en gran medida a los instrumentos de cuerdas propios de las orquestas, como los violines, arpas, etc. Además, el saxofón disfrutaría de gran popularidad entre los compositores románticos de aquel tiempo.
 
Desde la creación de los primeros instrumentos de viento y percursión, pasando por el uso mayoritariamente bélico en las bandas de guerra, hasta la implementación del saxofón y sus posibilidades sinfónicas, la conformación de las bandas contemporáneas y su gran versatilidad para interpretar múltiples repertorios explica en gran medida la importancia de contar con una banda sinfónica representativa de una ciudad, porque hay una correspondencia entre nuestra memoria musical, nuestra sonoridad, y la identidad de una ciudad. Somos lo que sonamos y sonamos como somos. Una ciudad sin música, sin una sonoridad propia, es un espacio inhabitado o inhabitable.
 
Además, hay una exigencia particular en la conformación de una Banda Sinfónica que podría explicar por qué resulta un símbolo tan marcado de la sonoridad de la ciudad: en las bandas sinfónicas, siguiendo sus orígenes beligerantes, no hay tregua en la orquestación de cada instrumento. Esto se debe a que los vientos deben suplir a las cuerdas, propias de las orquestas sinfónicas, aunque en la actualidad se suele incluir en la alineación de las bandas una fila de violonchelos y contrabajo. Esta sustitución de las cuerdas implica una mayor ejecución de compases por cada músico; es decir, en la banda todos son de una u otra manera solistas; es decir, el virtuosismo de la banda está ligado a la sonoridad y esta, como se explicó arriba, es un componente de la identidad de los territorios.
 
La BSMQ lo puede confirmar: en su archivo poseen más de 1500 obras escritas y solamente en los últimos dos años han interpretado más de trescientas que abarcan todos los géneros. Desde el repertorio popular y popular histórico, pasando por los géneros académicos, experimentales y modernos, la BSMQ ha sabido reinventarse a lo largo de estos treinta años y adaptarse a todo tipo de propuestas musicales y sonoridades, por lo que ha ganado un reconocimiento a nivel internacional como una de las mejores en su género en Latinoamérica.
 
Hemos llegado de una forma breve a describir la genealogía de la que forma parte la BSMQ. Ciertamente, una definición más explícita de los componentes de una banda sinfónica podría indagar en la historia de la música, en la evolución de los instrumentos, en sus características sonoras. Lo más esencial está ligado a la singularidad de cada banda, por lo que es importante aquí describir la manera en que está conformada nuestra Banda Sinfónica Metropolitana de Quito.
 
La BSMQ en la actualidad cuenta con 37 músicos y un director. La plantilla general se compone de tres familias: percusión, viento madera y viento metal. La percusión está a cargo de 5 músicos que pueden ejecutar una variedad de instrumentos, desde la batería, timbaletas, vibráfono, xilófono, campanelly, marimba, campanas tubulares, congas y plato, bombo sinfónico y percusión menor. El viento metal tiene 21 músicos en líneas de 3 cornos, 3 trompetas, 1 trombón, 1 piccolo, 4 flautas, 1 eufonio, 1 tuba, 2 saxos altos, 2 saxos tenores y 1 saxo barítono. A su vez, el viento madera tiene 10 músicos divididos en líneas de 5 clarinetes, 2 oboes, 2 fagots y 1 clarinete bajo. La agrupación se cierra con un instrumento de cuerda que dependiendo de las necesidades interpretativas puede ser 1 contrabajo o 1 bajo eléctrico.
 
Finalmente, la BSMQ ha sido dirigida por reconocidos maestros como Julio Bueno, José Angel Pérez, Patricio Álvarez, Roberto Rojas, Jorge Oviedo, Andrea Vela, Wienfred Mitterer, John Stanley, Medardo Caizabanda, John Walker, Manuel Préstamo, Miguel Jiménez, Sergei Pavlov,  Andrei Astaiza, Leonardo Cárdenas y, en la actualidad, la batuta está a cargo de Luis Alberto Castro, desde 2018, quien se ha propuesto incrementar la cantidad de proyectos y aprovechar el elevado nivel musical en el estudio de los repertorios, para reforzar el estatus internacional que ha alcanzado en estos 30 años la BSMQ.
 
En la siguientes entregas de esta crónica, se buscará profundizar en la trayectoria de la Banda Sinfónica y en sus diferentes aspectos construidos a lo largo de estas tres décadas, desde sus líneas experimentales, pedagógicas y de interpretación de repertorios populares y académicos, hasta la importancia de su gestión como actores culturales, vinculados al Centro Cultural Mama Cuchara y a la Fundación Teatro Nacional Sucre.