La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 2: el relato del Director

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 2: el relato del Director

Convocatoria | Jun 01, 2020

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito, elenco de la Fundación Teatro Nacional Sucre, cumple 30 años este 2020. En el marco de su celebración, esta segunda crónica dialoga con Luis Alberto Castro, su director desde 2018, sobre los mecanismos internos que ponen en funcionamiento a la banda, la formación musical del elenco, la selección de repertorios, el quehacer y las exigencias de una agrupación profesional con tres décadas de existencia. El trabajo sostenido es el camino a la belleza, la experiencia asegura ese nivel que ha conseguido la BSMQ, y que la ha posicionado como una de las mejores agrupaciones de su estilo en América Latina.

Parte 2: el relato del Director

La música es una vocación para toda la vida

El camino de formación de un músico profesional no termina nunca. Sí, la música es universal, nos hace felices a todos, nos sensibiliza, nos pone de cara a vivir y experimentar la cultura; pero otra cosa es con violín. El funcionamiento de una banda sinfónica es un mecanismo fino: hay horas y horas de estudio y trabajo que permiten a estos músicos profesionales entregar lo mejor al público en sus presentaciones. La música nos encanta, es cierto, pero hay un largo proceso que media entre lo que escuchamos en concierto, en vivo, o en una producción pregrabada, y la experiencia de las manos e instrumentos que interpretan las obras y nos brindan momentos únicos:
 
—Una presentación de la banda —relata su director, Luis Alberto Castro— comienza dos o tres horas antes, ya que se estila realizar un ensayo general en el sitio. Los músicos suben al escenario, realizan el estudio de calentamiento técnico y se revisa que todos los factores estén cubiertos, desde la presencia de partituras y accesorios como sillas y atriles, hasta aspectos como la iluminación o la escenografía. Luego de esta prueba viene un descanso. A la hora de la presentación, no solamente se interpretan las obras sino que se busca la interacción con el público, para que quienes asistan a cada concierto tengan una experiencia diferente: que puedan apreciar las obras; pero también que puedan conocer más acerca de los músicos y los compositores que intervienen.
 
Luis Alberto Castro colabora desde 2015 con instituciones musicales ecuatorianas como la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta Sinfónica de Loja, El Conservatorio Nacional de Música, entre muchas otras. De su experiencia nace la asiduidad y exigencia que comparte con los 37 músicos a los que dirige. El respeto y el amor a la labor artística son las “piedras angulares”, dice Castro, que mantienen sanas las relaciones del grupo. El objetivo siempre es ejecutar música al más alto nivel, y se parte de la premisa de que la formación de un músico no termina nunca.
 
La vinculación de Castro con la BSMQ se dio hace 3 años, a finales de 2017, cuando fue invitado para dirigir algunos conciertos. «Era la primera vez que asumía la dirección musical de una agrupación de estas características, ya que mi formación específica como director se dio a través de las orquestas; pero evidentemente, siendo especialista en instrumentos de vientos, ya tenía la experiencia de años en la dirección del ensamble de vientos y en los repertorios propios de estos conjuntos».
 
Castro se inició como músico profesional en la década del noventa, en la agrupación coral Voces del Táchira, de la cual pasó en 1996 al Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela: «en ese momento comencé mi formación como músico académico» responde, mientras evoca esa larga trayectoria que lo ha conducido a ser el director de la Banda Sinfónica de Quito.
 
—Ya específicamente, en el año 2000, supe que sería profesional. Eso era lo que quería hacer luego de ingresar a la orquesta, agrupación en la que recibí la formación durante más de 15 años, que me llevó a convertirme en miembro de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y a desarrollarme como director musical. Provengo de un proceso formativo con altísimos estándares en relación con la calidad del producto artístico final y no conozco otra manera de obtener los resultados, más que con disciplina, esfuerzo y trabajo constante.

«Tuve la fortuna —confiesa— de pertenecer a una generación que fue tremendamente beneficiada de un proceso formativo que involucró a algunos de los mejores maestros del mundo durante varios años y aprendí todos los procesos relacionados con la ejecución instrumental, la formación académica y la dirección de proyectos artísticos. Sé que para el grupo no ha sido fácil adaptarse a ese nivel de exigencia que les propongo, porque pocas veces logro estar completamente satisfecho conmigo mismo, con los resultados que obtengo. Creo que siempre se puede mejorar, pero ellos siempre están ahí para seguir poniendo de su parte y ayudarme a conseguirlo, esa es la clave para consolidar el crecimiento técnico que he visto en la banda durante mi gestión».
 
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Ensayos y repertorios, el sendero para sonar lo más hermoso posible 

Los músicos profesionales dedican la vida a aprender la técnica y el lenguaje. Hay muchos repertorios, se ha dicho: populares, académicos, modernos, experimentales, que los músicos de la BSMQ están en la capacidad de interpretar. Los repertorios académicos tienen que ver con la música que desciende de la tradición de la música occidental, donde los elementos musicales están especificados de antemano, generalmente por notación escrita; entre las principales variaciones de estos están el estilo barroco, el romántico, el vanguardista y el contemporáneo. Por su parte, los repertorios musicales populares y modernos pueden abrir más espacio a la interpretación, están destinados a entablar un diálogo más íntimo con los públicos, están pensados para que la gente baile y cante, se divierta, sea más feliz o más sensible a las identidades de la cotidianidad.
 
Sin embargo, la exigencia siempre es la misma, la del día a día:
 
—Un día regular de ensayos comienza con el estudio individual que realizan los músicos, horas previas al ensayo —explica el Director de la BSMQ—. Esto para lograr ese nivel técnico que se exige dentro de la banda. En los ensayos es normal ver a músicos de la agrupación realizando estudios individuales, en los distintos salones con los que contamos para la práctica. Se revisan pasajes complejos o se realizan estudios técnicos propios del instrumento que cada uno toca.
 
Los ensayos se hacen con presencia de los 37 músicos de la banda, cuando se trata de un ensayo general, o se pueden dar por secciones. El director es el encargado de definir la necesidad de los ensayos con grupos específicos, mientras los demás miembros estudian de forma individual. Su misión es velar porque cada integrante se mantenga en el nivel de rendimiento técnico. La realización de arreglos musicales o la transcripción de partituras es otra de sus funciones, cuando es necesario para las orquestaciones. Se busca el mayor emparejamiento a la idea original, considerando tanto lo que los arreglistas proponen a la hora de transcribir, como las condiciones reales de ejecución.
 
—La parte disciplinaria es un aspecto importante del que, como director, debo mantenerme actualizado. Esto permite el funcionamiento de cualquier grupo de trabajo. Hay normativas artísticas tanto de la Fundación Teatro Nacional Sucre como de la Secretaría de Cultura del Municipio Metropolitano, que sirven para garantizar el mejor ambiente de trabajo para todos, y que los fines artísticos de nuestra agrupación sean cumplidos en los estándares de exigencia y calidad.
 
Todo para sonar lo más hermoso posible. Aspectos como el montaje artístico o la planificación de los repertorios, dan cuenta de una tarea ardua y creativa que se realiza de manera colectiva. La gestión debe vincularse con la comunidad musical, con los territorios, con las temporadas de conciertos o festivales en los que la BSMQ participa. La actualidad artística de la banda, la programación, es interpelada continuamente por muchas variantes.
 
—Un repertorio —comenta Castro— se define dependiendo del tipo de proyecto: puede ser de carácter popular o académico; también puede tener un enfoque didáctico y obviamente el director musical tiene la potestad de realizar la propuesta, en virtud de su capacidad de análisis. En nuestro caso cada propuesta es enviada a la dirección musical del Centro Cultural Mamá Cuchara, al maestro Tadashi Maeda, con quien finalmente se define la viabilidad de cada programa. Pienso que lo que se logra en cada presentación es producto del esfuerzo de un gran equipo de trabajo, lo que hace que cada idea o sugerencia sea bien recibida y escuchada.

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La gestión continúa, una Banda que se proyecta en el tiempo
 
Luis Castro distingue tres momentos de su gestión como Director de la BSMQ: «en primer lugar, la participación de la banda en el tradicional Te Deum, que se realiza por la apertura de la fiestas de Quito, y que considero un acto importantísimo y relevante para la cultura quiteña». En lo pedagógico, Castro recuerda el encuentro con la Orquesta InfantoJuvenil 24 de mayo, de la localidad de Patate, «encuentro en el que tuvimos la oportunidad de ofrecer asesorías académicas y compartir escenario con niños y jóvenes músicos». Finalmente, a nivel musical el evento más importante para el actual director de la BSMQ fue la ejecución de la Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky, y la suite Atahualpa, de Luis Humberto Salgado. «La Consagración de la Primavera es una obra que pocas orquestas y aún menos bandas son capaces de interpretar, y más en un formato reducido en cuanto a número de instrumentistas. Este fue un verdadero reto para todos, no solamente para los músicos sino para todo el equipo técnico que participó en este montaje. Se pudo demostrar el altísimo nivel técnico de la agrupación y de la producción de la Fundación Teatro Nacional Sucre.
 
—Algo muy cierto y en lo que he creído siempre es que los directores pasan pero las agrupaciones quedan, y esta pasión que llevo por hacer música al más alto nivel, así como la energía, entrega y dedicación que aporto en cada proyecto que realizamos es lo que espero que quede en el recuerdo de estos grandes músicos. Pienso que, entre los aspectos específicos que me he propuesto desarrollar con la Banda, podría mencionar la interpretación de nuevos repertorios. Alrededor de un 85% del repertorio que hemos realizado durante mi gestión ha sido repertorio que nunca se había ejecutado en estos 30 años. Esto hace más atractivo el hecho de encarar cada proyecto; la visión del aprendizaje, de lo desconocido en cuanto a estilos y lenguajes.
 
La BSMQ tiene el funcionamiento de un mecanismo fino. Sería fácil pensar que, luego de 30 años, ya no se puede seguir creciendo técnicamente. Pero la realidad del día tras día confirma lo contrario mediante el compromiso y entrega profesional de quienes han hecho de la música su forma de vida: se producen dinámicas grupales, fuerzas que se desplazan, que se aprenden y se heredan. Algunos músicos se van y otros se quedan, pero lo que cuenta es la experiencia común a la hora de encarar al público, al momento de transformar una yuxtaposición de sonidos en algo vivo y bello, cuando la gente se anima o se conmueve, se alegra, siente.
 
Hasta aquí, en esta presentación, el relato desde la batuta, la mirada del director: el que coordina, planifica, da gestión al trabajo de todos los miembros. En las próximas presentaciones, se buscará adentrar en las voces de los músicos y otros personajes vinculados con la BSMQ: los artífices, los intérpretes que dan vida a la agrupación, e indagar sobre el sentir artístico, las experiencias, las memorias y saberes que se dan encuentro cuando esta fina maquinaria entra en funcionamiento.