La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 3: las historias de los músicos

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 3: las historias de los músicos

Noticia | Jun 08, 2020

Este 2020, la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito cumple tres décadas desde su creación, en 1990. La Fundación Teatro Nacional Sucre, en el marco de las celebraciones, ha preparado esta serie de crónicas que recogen la memoria y el relato de una agrupación insigne de la capital ecuatoriana. En esta tercera crónica se ha dado voz a cuatro músicos integrantes de la BSMQ, quienes evocan y recuerdan los momentos que han vivido, y su mirada desde adentro de esta agrupación quiteña.


Parte 3: las historias de los músicos
 
La música surge de una correlación entre el instrumento y el instrumentista. En el intermedio, entre ambos, entreverada, surge la belleza de la sonoridad: eso que nos mueve o conmueve, que nos pone a bailar o a reflexionar. La música es, por una misteriosa consecución de circunstancias que llevan a un individuo a profesionalizarse en esta arte, ese acto de aparente inutilidad pero innegablemente necesario, que todos amamos y del que todos podemos disfrutar.
 
Cantan las musas, en el mito grecolatino, por la gloria del aedo (juglar). Pero su gloria, es al mismo tiempo la templanza de su instrumento. Por ejemplo, Orfeo, cuya lira siguió sonando después de que el músico fuera despedazado por negarse a participar en las liturgias báquicas.
 
Lo cierto, en nuestro mundo, en nuestra era, es que músicos e instrumentos son una misma cosa. Del encuentro y constancia de ambos surge la belleza. Y en el sentido contrario, una flauta, una guitarra, un tambor, sin alguien que las instrumentalice, resultan tristes objetos muertos, fríos, metal duro e insípido.
 
Para esta tercera crónica sobre la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito se ha dado preferencia al relato de los protagonistas: los músicos. Sin embargo, al tratarse de una agrupación con más de tres decenas de músicos profesionales, sería un despropósito indagar en todos los que conforman la banda.
 
Se presenta, a continuación, el testimonio de cuatro integrantes de la BSMQ, para conocer su historia, su trayecto a la profesionalización, y la anécdota en torno a integrar un elenco de las características de la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito:
 
Jorge Gallegos (viento metal)

Gallegos es trompetista de la BSMQ. Desde niño, el sonido melodioso de la trompeta le pareció fascinante e imponente. Por eso, optó por el estudio de este instrumento:
 
—Tomé la decisión de ser trompetista profesional a los 14 años —cuenta—, luego de dos años de estar estudiando el instrumento en el conservatorio.
 
Gallegos se vinculó con la BSMQ hace 14 años, gracias a una audición de la que salió favorecido. El trompetista ensaya junto al resto de la banda 4 horas diarias, en el Centro Cultural Mama Cuchara, y confiesa la forma en que la rutina se convierte en magia, a través de la práctica cotidiana.
 
—Un día normal de ensayo en la BSMQ comienza con un breve calentamiento. Hay unos minutos para afinar, de manera individual y por filas. Al ingresar el director a la sala de ensayo hay disposiciones: primero, la designación de obras para el ensayo respectivo; si el ensayo va a ser general o parcial (Ensayo general se entiende cuando interviene la banda completa, y ensayo parcial cuando se lo hace de manera individual o por filas, sean de viento metal, viento madera y también la fila de percusión).
 
El estudio diario y el perfeccionamiento, la diversidad de repertorios musicales académicos o populares, el trabajo constante con la comunidad, en barrios, festivales, en la programación dentro de la Fundación Teatro Nacional Sucre, han permitido a Jorge Gallegos acumular recuerdos vívidos. Al preguntársele por los tres principales, Gallegos relata:
 
—Entre los momentos más importantes como integrante de la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito está el haber sido parte del estreno de la obra Cantata de Ramos, del maestro Marcelo Beltrán. También recuerdo el estreno de la obra Consagración de la Primavera, en versión para banda. Y haber sido parte del musical Los Miserables, producción de la FTNS que se presentó en Quito y Guayaquil.
 
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Santiago Farfán (percusión)

—Desde niño tenía cierta predisposición para todo lo “percutible” —confieza Farfán cuando se le pregunta el momento en que decidió ser músico profesional—. Recuerdo que, con tan solo oir un patrón rítmico, lo podía reproducir...
 
Aquel era un tiempo en que el acceso a instrumentos musicales era restringido. Farfán, originario de Cuenca, se enroló en distintas agrupaciones y tuvo por maestro a Manuel Escudero, principal de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, quien lo introdujo a la formación académica en el ámbito sinfónico.
 
Más de una década después, en 2015, Farfán concretó su ingreso en la BSMQ gracias a un traspaso presupuestario y administrativo. Desde entonces se ha acoplado y se ha dispuesto para entregar lo mejor de sí; «tratando de colaborar de la mejor forma».
 
—En primer lugar está la preparación del espacio, colocar en su sitio cada uno de los instrumentos y accesorios, calibrarlos o ajustarlos. Los ensayos demandan mucha concentración, no solo en las partituras, sino en la destreza que se necesita para cambiar de instrumento a instrumento, pues cada uno es distinto.
 
Finalmente, los 3 momentos que Farfán considera los más importantes de su experiencia dentro de la BSMQ:
 
—El número uno: mi primera presentación con la Banda Sinfónica, que fue un flashmob en la Plaza del Teatro. Es algo que no lo olvidaré, pues no fue en un “gran escenario”. También está el concierto de gala que dimos en el Colegio Alemán, en donde por primera vez tuve la oportunidad de tocar una obra original para Banda Sinfónica. Resultó un concierto inolvidable, en donde la percusión tuvo un papel mucho más interesante y protagónico. Y el tercero, sin dudar, la Consagración de la Primavera. Al finalizar el concierto, fue hermosa la reacción de mi actual maestro, César Gonzáles, quien amable y de manera muy emotiva nos felicitó. ¡Gran experiencia!
 
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Jenny Bastidas (viento metal)

Jenny Bastidas es música fundadora de la BSMQ. Desde 1990, forma parte de este elenco, y relata sus inicios como instrumentista:
 
—Mi nombre es Jenny Bastidas y soy flautista de la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito. Les cuento mi historia: a la edad de 15 años hicieron un llamado para formar parte de una pequeña banda del colegio donde yo estudiaba, el Colegio Nacional de Señoritas "Simón Bolívar". Cuando asistí a la convocatoria, yo quería tocar piano, pero habían muchas personas para piano y ya no había cupos. Los instrumentos de viento sí estaban disponibles. El colegio nos los iba a prestar para aprender a tocar y estudiar. Y solo habían cupos para trompeta y flauta traversa; entonces, como no quería tocar la trompeta, me decidí  por la  flauta.
«Casi simultáneamente con la Banda del Colegio, entré en la Banda Juvenil de Pichincha del Consejo Provincial. Así, cuando me gradué del bachillerato, en el año 1989, tuve la suerte de que se fundara la "Orquesta de Vientos y Percusión" del Consejo Provincial, donde empecé a trabajar formalmente e hice de la música mi profesión». 
 
Ese mismo año, en diciembre, se abrió una convocatoria del Municipio de Quito para formar parte de la BSMQ, que estaba en proceso de creación. Jenny Bastidas participó y ganó el concurso público para ser flautista. Resulta complejo el relato de una fundadora, indagar en las memorias, transgredir las convenciones, extraer los secretos. Bastidas pone en relieve el esfuerzo individual y grupal que se requiere para ensamblar los repertorios: revisión de partituras, grupales e individuales, trabajar sobre pasajes difíciles, la prolijidad necesaria para una buena afinación, la atención y exigencia del director. Todo debe acomplarse de una buena manera, para conseguir el mejor sonido.
 
—Creo que la  BSMQ es un ícono que aporta mucho a la cultura musical de Quito y del país, ya que hemos estrenado y difundido obras preciosas de compositores ecuatorianos que están con vida, como por ejemplo los maestros Mesías Maiguashca, Diego Luzuriaga, Leonardo Cardenas y Marcelo Beltrán. De igual manera, la Banda ha sido dirigida por destacados directores ecuatorianos y extranjeros, invitados y titulares, como los maestros Álvaro Manzano, Gerald Brown, Julio Bueno, José Angel Pérez Puente, Jorge Oviedo, Andrea Vela, Winfried Mitterer entre otros. Además, al ser la BSMQ tan versátil, también hemos podido acompañar a personajes de la música como los maestros Ney Rosauro y Michel Camilo, quien compartió escenario con la BSMQ en el marco de las celebraciones por los 25 años de la agrupación.
 
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Santiago Uquillas (cuerdas)

—Me decidí por el contrabajo porque yo ya tocaba el bajo eléctrico. Cuando me decidí a estudiar y a formarme profesionalmente, me di cuenta de que lo más parecido era el contrabajo, y ya tocándolo, escuchándolo, me enamoré de él.
 
Santiago Uquillas se inició de manera empírica: «Solo escuchaba la música y la reproducía en el instrumento. Luego pasé a una etapa de formación musical en el conservatorio. Más tarde seguí recibiendo clases en la Orquesta Sinfónica Nacional, en el Teatro Nacional Sucre. Y empecé a hacer conciertos como músico invitado, durante dos años. En ese momento me di cuenta de que era lo que me gustaba, lo que me quería dedicar, y en realidad, fue cuando lo tomé como mi profesión».
 
Y gracias a esta vinculación, a través de la OSNE, Uquillas llegó a audicionar para formar parte de la BSMQ: «El profe René Bonilla me informó que había un llamado. Me acerqué, audicioné, salí favorecido y me pude integrar a la institución a la que pertenezco hasta hoy».
 
Uquillas rescata el aspecto humano de la banda: «El trabajo dentro de la BSMQ es muy relajante». Recuerda todo lo compartido: las personas, las obras, la amistad, y confiesa que aún sigue disfrutándolo: «Es de lo más agradable».
 
—Han pasado momentos que han sido muy importantes dentro de la BSMQ, pero creo que hay algunos que tienen un valor adicional: uno de ellos, la Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky, que significó un gran desafío, un gran esfuerzo, pero en cuanto terminamos de interpretar la obra en el Teatro Nacional Sucre, al ver ese público lleno de satisfacción, al escuchar los aplausos, la gente emocionada totalmente, te hace sentir que en realidad ese es un momento que no vas a olvidar…
«Pues soy músico. Me encanta mi instrumento, pero también me gusta la dirección musical y en una ocasión tuvimos un curso de dirección con el maestro John Stanley, director de bandas y coros de San Diego, California. Este curso fue, me acuerdo, en el conservatorio nacional de música. Yo participé y fue genial, fue emocionante, fue fuerte estar al frente de la banda, dirigiéndola, al ver a mis compañeros y disfrutar ese momento fue grandioso…»
 
Por último, Uquillas pone en valor a su agrupación, y reconoce el esfuerzo grupal que los ha llevado a mantenerse durante treinta años en la vanguardia de la sonoridad quiteña, inclusive en los momentos de dificultad:
 
—Otro momento importante, no muy agradable pero sí especial, fue en cierta época en que a la Banda se la quiso desaparecer. Fue una pelea muy dura con las autoridades, pero logramos nuestros objetivo de que no desaparezca, de que se mantenga con vida hasta el día de hoy.
 
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Las historias no terminan. Registrar la memoria de los miembros de la BSMQ podría ser una labor de archivo, sin duda, aunque lo realmente importante sea la experiencia musical. Esa que lleva adherida entre el músico y su instrumento, y entre la agrupación y el público, un número indeterminado de posibilidades, un encuentro de afectos, un recuerdo que deviene asombro común, al marcarse los primeros compases musicales en cada presentación.