La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 4: los músicos y la comunidad, un vínculo que se consolida

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito: crónicas sonoras de una ciudad. ​Parte 4: los músicos y la comunidad, un vínculo que se consolida

Convocatoria | Jun 18, 2020

La Banda Sinfónica Metropolitana de Quito cumple treinta años en 2020. En estas tres décadas, el público ha sido el centro de las actividades y la razón de ser de este elenco. La comunidad, la gestión cultural para consolidar y formar públicos, son los ejes principales de sus labores. En esta última crónica sobre la BSMQ, la coordinadora del Centro Cultural Mama Cuchara, Tatiana Carrillo, revela cómo nació y cuál ha sido a través de la historia la relación entre la banda y la comunidad quiteña.

 

Parte 4: los músicos y la comunidad, un vínculo que se consolida

Los músicos existen gracias a los públicos. Esta premisa parte del entendimiento de que el arte y la cultura están íntimamente ligados a la sociedad. Sin el arte, las maquinarias de la sociedad nos consumirían. Las artes liberan, brindan a las personas momentos de reflexión, contemplación, alegría, y dialogan con la comunidad. El trabajo profesional de una agrupación de las características de la BSMQ está íntimamente ligado al devenir de la sociedad, y se concentra en la formación de públicos, en el reconocimiento y acercamiento con la comunidad.

Con esta idea en mente, desde hace tres décadas, la Banda Sinfónica Metropolitana ha construido un vínculo permanente con la comunidad quiteña. Desde sus orígenes, en la década de los noventa, todos los actores cercanos a la BSMQ reconocen la importancia del trabajo con los territorios, en los barrios, con la gente, a quienes distinguen como el principal elemento que da razón a sus oficios. Sin público, el arte pierde todo sentido.

—La BSMQ tuvo en sus principios alrededor de 80 músicos —recuerda Tatiana Carrillo, coordinadora del Centro Cultural Mama Cuchara—. Era 1990 y la entonces Dirección de Cultura del Municipio de Quito coordinaba este y otros elencos musicales a través del Departamento de Desarrollo y Difusión Musical (D3-M), ubicado entonces en los altos del actual Centro Cultural Metropolitano. Luego, en esa misma década, el edificio donde funciona actualmente el Centro Cultural Mama Cuchara, pasó a ser la segunda casa de la Banda y del Departamento de Desarrollo y Difusión Musical, después de una intervención del FONSAL.

En esa época, las únicas agrupaciones de música académica en Quito eran la Orquesta Sinfónica Nacional y la Banda Sinfónica del Consejo Provincial de Pichincha. Con la creación de la BSMQ y en sus primeros años, la gestión con la comunidad pasó a ser el eje central de las actividades de los músicos pertenecientes al D3-M.

—Este edificio —el Centro Cultural Mama Cuchara— entró en un proceso de restauración con la idea de hacerlo un centro cultural, por eso se construyó un auditorio y se lo readecuó pensando en que las agrupaciones pasarían a ensayar en este espacio. Ahí pasaron a trabajar la BSMQ, la OIA, el conjunto Yavirac, el Coro Mixto Ciudad de Quito y el Ensamble de Guitarras, que fueron creados un par de años más tarde. Estos grupos ensayaban y tenían un departamento de composición musical, un departamento de investigación y una gran biblioteca.

El edificio pasa a llamarse “Centro Cultural Mama Cuchara” cuando la Fundación Teatro Nacional Sucre es encargada de administrar este espacio, en 2005. Entonces, se marca un giro en las estrategias de difusión y la manera de llegar a los públicos:

—Antes de que exista la Fundación Teatro Nacional Sucre, la Banda realizaba presentaciones gratuitas en diferentes teatros de la ciudad. Cuando se crea la FTNS, en 2005, se abren los teatros que hacen parte de la misma, y empezamos ya a tener otro tipo de acercamiento con la comunidad, a través del cobro de una entrada simbólica. Sin embargo, jamás se ha perdido este contacto con la comunidad con los conciertos en territorio. De hecho, al ser creada en el seno del Municipio, la banda tiene la finalidad de llegar a la comunidad de todas las formas posibles. No es una asociación privada que tenga fines de lucro, al contrario, es una agrupación subvencionada por el municipio, que brinda un espacio de trabajo a los músicos profesionales que salen de diferentes instancias educativas, como conservatorios, academias, etc. Por esto, la vinculación con la comunidad ha sido siempre importante.

El reconocimiento y cariño de los públicos impulsa a la BSMQ y los demás elencos que coordinan sus actividades en el Centro Cultural Mama Cuchara. Es un eje de trabajo, de programación y contacto en los territorios, para llevar la versatilidad de los repertorios, desde la música popular ecuatoriana o latinoamericana hasta la música universal.

—Esta versatilidad de la banda —cuenta Tatiana Carrillo— le permite llegar a cualquier clase de público. Desde niños que van a los conciertos didácticos, hasta personas de la tercera edad, sean o no conocedores de música. El público de la comunidad en territorio, que es nuestro principal eje de trabajo, es muy cariñoso. Siempre nos recibe con muchísima calidez. Eso hace que los músicos se sientan siempre como en casa, al mostrar su trabajo en iglesias, en casa barriales, en los lugares donde la banda entra. Donde pueden ejecutar su trabajo, siempre se sienten queridos. El director actual, Luis Castro, que está con la banda un par de años, le gusta presentar los conciertos, las obras, los compositores, para que el público se acerque al elenco, se identifique con lo que va a escuchar.

Carrillo cuenta que los repertorios son manejados en dos sentidos: «si es un barrio popular que está esperando que vayamos con un concierto alegre, de música que ellos conocen, se maneja una parte del concierto con este repertorio que la gente quiere escuchar; pero también con una parte que seguramente nunca han escuchado. Siempre tratamos de generar esta espectactiva del público por escuchar obras diferentes, algo que posiblemente no hayan escuchado anteriormente».

La BSMQ ha encarado toda suerte de retos a la hora de presentar su programación, siempre cuidando de elevar el nivel interpretativo y profundizar en la manera en que puede llegar al público. Además de estos repertorios para los encuentros con la comunidad, la BSMQ ha realizado importantes estrenos y participado en producciones como la Consagración de la Primavera, Atahualpa o el Ocaso de un Imperio; ha formado parte de los festivales de Música Sacra, Jazz in Situ, Ecuador Jazz, y ha generado un público especializado:

—La BSMQ cuenta con un buen número de músicos que son invitados a ser solistas de orquestas importantes, o que han salido a otros países a seminarios y a diferentes actividades que enriquecen profesionalmente a toda la banda. Por esto —confiesa Carrillo— la Banda tiene un alto nivel de seguidores que son músicos, que siguen a la banda y reconocen que los integrantes son personas que se han ido formando en el camino, por un lado, pero por otro son músicos profesionales que han salido de importantes instituciones musicales del país, para trabajar en la Banda Sinfónica.

Otra línea de trabajo con la ciudadanía se gesta en torno a los jóvenes: en el Teatro México, espacio administrado por la FTNS, se realiza el proyecto Escenario Joven, que programa actividades pensadas para la participación de estudiantes de bachillerato de la ciudad. Dentro del Escenario Joven, la BSMQ participa con conciertos didácticos:

—Es muy bonito porque a los chicos les gusta mucho. Llama la atención. La banda interpreta música que a ellos les suena familiar, música de series, películas, que pensamos que los chicos pueden reconocer, y luego se les invita a que dirijan la banda, a reconocer los instrumentos, ha habido ocasiones en las que se ha podido hacer juegos con los chicos y llevar el concierto de una manera lúdica, un poco dependiendo del espacio, un poco dependiendo de las condiciones que tengamos para hacer el concierto, hemos manejado diferentes herramientas. En general, es una actividad que funciona mucho, porque a los chicos les llama la atención el funcionamiento de los instrumentos de viento. Ellos se emocionan al escuchar las diferencias entre las maderas y los metales, por ejemplo. O la diferencia entre un instrumento musical relativamente pequeño, como la trompeta, y uno gigante como la tuba. Les llama mucho la atención de la versatilidad y la sonoridad específicamente con los instrumentos de viento.

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A manera de epílogo:

Son estos encuentros con la comunidad, la formación y captación de públicos, los conciertos didácticos, las actividades performáticas de la agrupación, que parecen nunca concluir. La acumulación de experiencias por 30 años, el agenciamiento de actividades culturales, a través del Centro Cultural Mama Cuchara y la Fundación Teatro Nacional Sucre, el desarrollo profesional y el crecimiento musical de la banda, todo lo que se concreta, lo que acontece durante la ejecución de los acordes. En vivo, en conciertos, en barrios o teatros, las sonoridades se imprimen en la memoria cultural de la ciudad.

Esta serie de crónicas han tratado de dibujar, a lo largo de cuatro entregas, la vida y el sentir de la BSMQ. Hemos construido nuestro personaje principal: un elenco musical que cumple treinta años de vida, y se ha procurado dar espacio a las voces que le dan la vida: los músicos, el director, los productores. Hay una gran cantidad de recursos que quedan por fuera: los técnicos, sonidistas, tramoyistas, arreglistas, compositores, la vitalidad de la banda se extiende en la medida en que sus propuestas musicales crecen.

A futuro, la BSMQ sigue proyectándose, preparando y gestionando los recursos para acompañar musicalmente a la ciudad. Contar con una institución musical consolidada, saludable, constituye un bien patrimonial para la ciudad. Las posibilidades para celebrar este aniversario y los próximos revelan la potencia, las fortalezas que se han logrado, la experiencia acumulada, y los anhelos de acompañar por mucho más tiempo a la comunidad, sonando siempre más hermoso, tocando siempre de manera más comprometida, para levantar la cultura y las artes vivas en Quito, en sus barrios, con su gente.