Orquesta de Instrumentos Andinos: el llamado de la identidad

Orquesta de Instrumentos Andinos: el llamado de la identidad

Noticia | Jun 29, 2020

La Orquesta de Instrumentos Andinos cumple 30 años este 2020. En el marco de esta celebración, presentamos una serie de crónicas que revelan la memoria, el sentir y la trayectoria de una orquesta sin precedentes que reúne las voces instrumentales de un pueblo.

 

El hombre antes de pensar, siente; y el grito de dolor que lanza al nacer, no es sino la primera nota de ese lenguaje que balbucea en el eterno canto que le acompaña durante su larga peregrinación por la vida.
L. Cortijo

 

Toda historia tiene un inicio. Para narrar el origen de la Orquesta de Instrumentos Andinos (OIA) podemos regresar al 1 de junio de 1990, fecha de su fundación. O quizás a los años sesenta, cuando en Latinoamérica se generó el movimiento de la Nueva Canción, donde una gran cantidad de artistas abrazaron sus raíces para experimentar con los géneros musicales tradicionales de su tierra. O viajar muchos años atrás, cuando se crearon los primeros instrumentos autóctonos que, a su manera, emulaban los sonidos del viento, el trino de las aves o la lluvia. La historia de la Orquesta de Instrumentos Andinos puede partir de un punto en particular, sin embargo, en su recorrido vemos un gran paisaje donde la música, la identidad y la geografía confluyen.

Identidad y música

Cada lugar tiene una sonoridad que representa a quienes lo habitan. La música y la identidad son como dos fibras que se entrelazan para formar un tejido único. Como menciona el compositor e investigador musical ecuatoriano Mario Godoy, "la música, más que expresión artística, puede ser vista como fenómeno social que varía según las coordenadas del espacio y del tiempo". Ella está presente en nuestras actividades cotidianas, como también en las fiestas y en los ritos. Es un lenguaje común que une y crea comunidad. La Orquesta de Instrumentos Andinos revela desde su nombre la pista de su origen y autenticidad. Se trata de un proyecto musical inédito en el mundo, que nace en Ecuador y representa a una región.
 
Las montañas, los valles, las aves y el viento dialogan con la quena, la zampoña, la flauta de pan y el charango. En la música, como en la vida, la conexión entre la naturaleza y el ser el humano es muy fuerte. Ese vínculo es parte fundamental de la OIA. Así lo manifestaba el maestro Wilson Haro, exdirector de la Orquesta, en una entrevista realizada en 2016 por María Dolores Ruiz: "La montaña nos marca y lo hace porque con ella tenemos procesos de festividad, de agricultura. Tenemos un proceso familiar. Los Andes ejercen una gran presión sobre nosotros, psicológica y visualmente nos acompañan. Ahí hay una comunicación para entender la sonoridad de los instrumentos. Nosotros tenemos un sentido de pertenencia. Esta orquesta pertenece a algo: cultura. Sí, hacemos arte, pero fundamentalmente es cultura y pertenencia".

Durante 30 años, ese sentido de pertenencia ha impulsado a la OIA a explorar las sonoridades de todo un país. Abrazar el pasado sin perder de vista el presente. Encontrar la voz del mestizo, donde lo popular y lo académico, lo indígena y lo europeo, el campo y la urbe se encuentran. La OIA es una muestra de la identidad andina contemporánea, que ha representado a Ecuador en países tan diversos como Rusia, Brasil, Colombia, Alemania, Perú, Chile y México. Sin embargo, para llegar a ese punto de su historia, antes hubo varios procesos sociales y culturales que influenciaron a sus integrantes.

El origen

Las décadas de 1960 y 1970 fueron muy importantes para Latinoamérica. Acontecimientos como la Revolución Cubana, los golpes de estado en Chile y Argentina, las expresiones contestatarias de los sesenta, impactaron a los jóvenes de toda la región. De forma paralela, en Ecuador, a nivel cultural ocurría otro fenómeno. "En medio de un vigoroso despertar de los pueblos indígenas, avanzó la conciencia de la diversidad de la sociedad ecuatoriana y la necesidad de preservar los valores de todos sus componentes mestizos, indígenas y afroecuatorianos. Se abrió paso a un nuevo 'proyecto nacional de la diversidad’, que avanzará junto con el gran esfuerzo de forjar una sociedad intercultural", señala el historiador Enrique Ayala Mora en su libro: "Breve historia del Ecuador".
 
A nivel musical, la región tuvo un auge de artistas y agrupaciones que reivindicaban el folclore y la identidad latinoamericana, mientras brindaban un discurso rebelde y con compromiso social. Ellos eran parte del movimiento llamado Nueva Canción, con exponentes de relevancia internacional como Inti-Illimani, Quilapayún e Illapu en Chile, Atahualpa Yupanqui y Siripo en Argentina, Kjarkas en Bolivia, entre muchos otros. En Ecuador, este movimiento musical también dio buenos frutos con referentes como Jatari, Huayanay, Pueblo Nuevo, Iliniza y Pucará. Todas agrupaciones que buscaban una autenticidad musical acorde a su lugar de origen.
 
En ese entorno social, político y cultural vibrante, diferentes músicos se reunían de forma orgánica en lugares conocidos como peñas, donde compartían experiencias, conocimientos y música. Su lenguaje en común eran las inquietudes propias de la juventud, el interés por el folclore y la curiosidad por experimentar con las sonoridades andinas. Esos espacios en Quito fueron verdaderos laboratorios creativos que definieron un movimiento artístico y tiempo después, una institución musical.
 
A inicios de 1990, el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, con Rodrigo Paz como alcalde, crea la Escuela de Instrumentos Andinos a través de la Dirección de Educación y Cultura Popular, ubicada en lo que hoy se conoce como el Centro Cultural Metropolitano. En ese lugar se reúnen varios músicos, profesores e instrumentistas, entre ellos, los maestros Ernesto Guerrero, Luis Guevara y Antonio Cilio, quienes pronto comenzaron a tejer una idea singular, que en ese entonces era una meta sin precedentes: conformar una orquesta integrada por los instrumentos tradicionales andinos.
 
 
Así inicia este viaje por la historia de una agrupación donde la memoria y la identidad juegan un papel fundamental. En las siguientes entregas de esta crónica se abordarán los primeros años de su fundación, los retos para conformar una orquesta de sonoridades y condiciones únicas, el trabajo de sus integrantes para arreglar y componer piezas musicales, además de tallar y construir sus propios instrumentos. También destacaremos sus múltiples logros y giras, pero sobre todo, rendiremos un homenaje a su legado y trayectoria.