Orquesta de Instrumentos Andinos: los retos de un proyecto inédito

Orquesta de Instrumentos Andinos: los retos de un proyecto inédito

Convocatoria | Jul 06, 2020

En 2020, la Orquesta de Instrumentos Andinos cumple 30 años de trayectoria. Un conjunto de músicos, compositores y artesanos que abrieron un camino poco explorado a nivel musical y artístico a base de inventiva, esfuerzo y talento. En esta entrega hablamos de los primeros desafíos que sortearon sus integrantes en la década de los noventa.

 

Inicios de 1990. Una idea combustible se expande por la Escuela de Instrumentos Andinos, espacio de formación artística ubicado en el Centro Histórico de Quito. Rápidamente, el proyecto suma voluntades y anima a varios músicos. Se trata de un proyecto inédito y de grandes proporciones. Crear una orquesta integrada por los instrumentos tradicionales andinos.
 
En aquel entonces, el ambiente de la música folclórica de Quito era propicio para que algo así germine. Los primeros referentes de la Nueva Canción alimentaron a futuras generación de artistas ecuatorianos que decidieron volver a sus raíces, desenterrando los sonidos y las tradiciones de su pasado. Así, cuando se enteraron de esta idea genuina, tanto los instructores de la Escuela de Instrumentos Andinos como diversos instrumentistas de folclore de toda la ciudad acudieron a una convocatoria que cambiaría sus vidas.
 
Carlos Cevallos, uno de los fundadores de la Orquesta de Instrumentos Andinos (OIA) recuerda ese momento en una entrevista realizada a inicios de 2020 por Jefferson Herrera, productor de la Fundación Teatro Nacional Sucre. "Antes de ingresar a la OIA pertenecía a una agrupación folclórica llamada Horizontes. Un día nos enteramos que el Municipio de Quito convocaba a grupos de la localidad a conformar un gran proyecto musical. Llenos de emoción y expectativas acudimos al llamado, lamentablemente mis compañeros del grupo no pudieron seguir y fui el único que permaneció en este novedoso proyecto musical hasta la actualidad."
 
La orquesta necesitaba músicos y ellos acudieron. En el comienzo, la OIA estuvo integrada por más de 50 instrumentistas de folclore que, como Carlos Cevallos, provenían de varias agrupaciones. Entre ellas, Los Sachas, Comarca, Sumac Chacra y Nuevo Amanecer. De la misma manera, fue necesario encontrar un director. Alguien con la suficiente experiencia para liderar este proyecto que para algunos incrédulos resultaba imposible. Entre los profesionales que presentaron su plan para dirigir y crear la orquesta se encontraban Carlos Bonilla Chávez, Enrique Sánchez y Patricio Mantilla. Este último integrante del reconocido grupo Jatari, creado en 1970. La formación académica, el conocimiento tanto de los instrumentos andinos como del funcionamiento de una orquesta sinfónica, sumado a su recorrido artístico nacional e internacional junto a Jatari, hicieron que la propuesta de Mantilla sea la elegida.
 
Sobre su forma de concebir la OIA, Patricio Mantilla comentaba en una entrevista realizada por el periodista cultural Diego Oquendo Sánchez, “la propuesta de conformación orquestal se basó en la coordinación de bloques sonoros correspondientes a las diversas características acústicas y de tesitura de los instrumentos musicales andinos de viento, cuerda y percusión; a los cuales se les dio una primera ubicación que luego, en razón de obtener mayor equilibrio sonoro, fuera cambiada en varias ocasiones.” 
 
La orquesta quedaría subdividida en tres secciones: cuerdas, vientos y percusión. La primera fila integrada por instrumentos de cuerda: charangos, bandolines, tiples, guitarras, arpa y bajo. En la segunda fila, la sección de vientos: quenas, ocarinas, flautas de pan, zampoñas y toyos. Mientras que en la tercera fila estaría la percusión: congas, bombo, marimba esmeraldeña, bongos y timbales.
 
Además, sobre la sonoridad de la OIA, Mantilla agrega: “el criterio que primó, tanto para la ubicación de instrumentos como para la combinación tímbrica de los mismos, fue conseguir una sonoridad original que diferencie a este grupo orquestal de los tipos de bandas o conjuntos folclóricos conocidos; para ello se debía optar por una metodología experimental, puesto que por primera vez en el país se organizaba un ensamble de tal naturaleza. En ese sentido, se contaba solamente con la experiencia de varios músicos populares de la propia orquesta que llevaban entre 10 y 20 años en la actividad musical.”

 

Un viaje hacia lo desconocido
 
Una vez conformada la Orquesta, llegó el momento de enfrentarse a los desafíos de establecer un proyecto sin precedentes. Por ejemplo, en sus inicios la gran mayoría de integrantes, que provenían de grupos populares de folclore, trabajaban de manera empírica. Pocos leían partituras o tenían estudios en el Conservatorio Nacional de Música. En consecuencia, fue necesario que cada músico experimente a profundidad con su instrumento. Además, desde la dirección musical se buscó elevar el nivel de exigencia en sus repertorios. Pasar de interpretar únicamente música popular y afrontar obras más elaboradas del repertorio clásico, con la finalidad de que los músicos perfeccionen sus técnicas de ejecución.
 
Este ejercicio de interpretación, hizo necesario que los integrantes de la OIA escriban arreglos musicales específicos para su formato. "Las partituras [para la Orquesta de Instrumentos Andinos] no existían, entonces nosotros teníamos que crear nuestro lenguaje. En la percusión, por ejemplo, teníamos que escribir cómo se interpreta el palo de lluvia, el redoblante, el bombo andino; dónde se pegan exactamente para tener tal o cual sonoridad. Teníamos que escribir para que el músico interprete justo eso", recordaba Marcelo Cilio, miembro fundador de la OIA, en una entrevista realizada por María Dolores Ruíz en 2014.
 
Por si eso fuera poco, otro reto que la OIA ha sorteado a lo largo de su camino ha sido el obtener, afinar y reparar sus instrumentos. A diferencia de una orquesta sinfónica o una banda rock o jazz, en el mundo casi no existen almacenes de música o talleres que trabajen con instrumentos tradicionales andinos. Por este motivo, un gran porcentaje de integrantes de la Orquesta no son únicamente músicos, sino también investigadores, artesanos y constructores. Verdaderos lutieres de sus propios instrumentos.
 
Así fueron los primeros años de una orquesta atípica que recogía las voces instrumentales de los Andes, pero también integrada por instrumentos afroecuatorianos y otros de influencia europea. Una orquesta mestiza y auténtica fruto de distintas tradiciones musicales que con el tiempo se convertiría en un referente cultural del continente.
 
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La historia continúa. En las siguientes entregas de esta crónica se ahondará en el sonido y la versatilidad de la agrupación, sus giras por diversas ciudades del mundo, los cambios y momentos más importantes de su camino, además del anhelo y el presente de sus integrantes.